El control del equilibrio calco-carbónico y del pH en cabeza de línea de una planta potabilizadora mejora otros posibles procesos de tratamiento:
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El control de pH aguas arriba de los tratamientos físico-químicos permiten optimizar la eficacia de los reactivos de coagulación y floculación.
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Si existe un tratamiento con ozono en el agua potable, el pH debe mantenerse en condiciones ligeramente ácidas para reducir la formación de subproductos como los bromatos, y favorecer la acción molecular del ozono con relación a la eliminación de microorganismos.
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En los procesos de absorción sobre CAG, el pH del agua debe estar controlado a fin de evitar los fenómenos de carbonatación de los granos de carbono activo que reducen sensiblemente su vida útil.
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Si en la potabilizadora hay procesos de filtración con membranas, es preferible utilizar CO2 para el ajuste de pH en lugar de un ácido fuerte. La introducción de sales puede conducir a fenómenos de co-precipitación en la superficie de las membranas, disminuyendo su capacidad de transporte. En estos casos la utilización de CO2 puede economizar reactivos tipo secuestrante.
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En el caso de una desinfección con cloro, la formación de ácido hipocloroso es la más eficaz para la inactivación de los microorganismos. El ácido hipocloroso se forma en medio ligeramente ácido. La adición de ácidos fuertes puede producir un pH muy bajo, induciendo la formación de Cl2, corrosivo y tóxico para el medio ambiente. La utilización de CO2 evita estos riesgos, al favorecer la formación de ClOH.